La identidad de tu evento
Sobre la importancia de diseñar tu evento con pertinencia, coherencia y significado. Lo que hagas te definirá y así te reconoceremos.
Claudia D. Roca
2/19/20264 min read


Hacemos eventos para compartir con quienes nos interesa (motivos aparte) y en ese espacio y tiempo conectarnos con otros, a través del diálogo políglota y multicanal que se produce en la confluencia de intereses, expectativas y realidades que circulan. Y ese intercambio conforma la base de muchos relatos posteriores. Ojo con esto.
El directo tiene magia y tiene poder; nos seduce y nos envuelve, nos provoca vértigo y temor. Porque al final del día, aunque tengamos todo planificado, sabemos que no todo estará previsto; nunca si intervenimos personas, con nuestra maravillosa naturaleza (y no es irónico) cambiante, contradictoria y falible. Y esta tensión emocional nos hace sentir vivos.
Así funciona con los eventos: fascina soñarlos, entusiasma promoverlos, abruma aterrizarlos (aquí mueren muchas grandes ideas), atemoriza la posibilidad de fallar (aquí se desvanecen otras tantas); pero acertar, eso dispara. Y esa sensación es tan excitante como peligrosa, si perdemos la perspectiva y el rigor. Mantener el foco es mandatorio. Los eventos tienen un propósito y su éxito no es cierto hasta que baja la euforia y se evalúan los resultados. Que la autocomplacencia no nos nuble.
¿Cómo acertar entonces? No hay garantías, ni garantes. Personalmente, apuesto por tres binomios para sostener el desarrollo de un evento: concepto-diseño, equipo-logística y ajuste-comunicación. Cada uno merece, sin duda, un trato más profundo, pero para los fines de esta entrada, nos servirán algunas reflexiones sobre lo que juegan y significan algunos de estos aspectos.
La logística
Convengamos que la logística de un evento es fundamental, compleja y costosa, ya que engloba todas las operaciones, y por eso mismo será siempre susceptible al fallo; casi se lo espera, y por eso la atendemos tanto, hasta montar planes contingentes. Y hacemos bien, porque algo se desviará del plan original, sin duda. Pero es entonces cuando sale a relucir esa capacidad de reacción y adaptación ante los imponderables. Y que surge de una combinación equilibrada entre serenidad y conocimiento pleno de la naturaleza y entramado del evento, lo que facilita tomar decisiones acertadas en muy poco tiempo. Aquí el equipo lo es todo, para poner en marcha los ajustes con eficacia y ganar el partido al desconcierto.
Un fallo logístico, por lo general, si no tiene consecuencias graves o fatales, siempre se perdona. Siempre que la adaptación y comunicación entren en juego, pertinente y oportunamente. Y que la humildad brille por su presencia y la soberbia por su ausencia.
Lo que nos llevamos a casa
Sin embargo, no es la logística lo que vuelve un evento memorable; su ausencia o defecto efectivamente, no lo habilita; pero lo que nos impregna es lo que vivimos a través de tu propuesta, lo que nos ofreces, tu manera de aproximarte, el tono de tu trato, la comodidad al estar contigo. De este juego de seducción nace o no la conexión y se cimenta o no la CONFIANZA. Y pilas aquí, palabra mayor, porque no podemos jugar a ser lo que no somos (valores), a disociar nuestro discurso de nuestro comportamiento (coherencia), a enmascarar nuestro ADN (genuinidad). Hay dos cosas que nos suelen incomodar, la incoherencia y el engaño, porque son acciones deliberadas que faltan el respeto y minan la confianza. Son nuestras sensaciones las que nos llevamos a casa cuando se apagan las luces.
Por tanto, cuando diseñes tu evento, cuida todos los detalles, pero empieza por lo básico: define su identidad, escribe su concepto y desarrolla su guión sobre una base auténtica, porque el directo evidencia siempre lo que somos y así nos reconocerán.
El diseño del evento
Si ya has valorado hacer un evento, antes de ponerlo en marcha, tómate un tiempo para pensar en tus valores de marca, los que definen tu quehacer. En coherencia, diseña tu evento: establece su concepto, crea sus elementos visuales, decide su contenido, desarrolla su estructura y construye su imagen.
No hay recetas cerradas, pero te comparto algunas consideraciones, que pueden ser de utilidad a la hora de pensar en tu evento:
La imagen se basa en: lo que haces, lo que dices que eres y cómo te perciben. Tu marca es lo que sintetizamos y recordamos de todo eso.
La identidad visual representa tus valores, proyecta tu imagen y soporta tu marca. Lo sintetiza todo y nos ayuda a reconocerte.
Tu evento ha de tener una identidad visual coherente con tu marca.
Sueña alto cuando pienses en el alcance de tu evento, y pon ese sueño como meta.
Escribe tu proyecto, este ejercicio es una inversión que te salvará de los espejismos.
Planifica ambicioso, pero realista. Vale más un evento austero, pero prolijo.
La realidad te ubicará siempre. Quizás llegues al 80% el primer año, pero te impulsará al 120% en el segundo. Así comienza el círculo virtuoso aprendizaje- innovación-mejora.
Apuesta por un buen equipo, empezando por esa pieza invisible, que domina el evento y reacciona con serenidad y agilidad. No la notarás cuando está, pero sí cuando no la tengas.
Elige a tus socios estratégicos en consonancia con tus valores, sumarán solidez y coherencia a tu evento y en consecuencia a tu marca.
Tus proveedores son tus mejores aliados, búscalos con conciencia y trátalos con cariño.
RECUERDA: te reconoceremos por tus acciones y nuestras experiencias contigo son la base de muchos relatos.