Cada año es mejor que el anterior…

Sobre cómo la coherencia, la determinación y una extraordinaria capacidad de dar hacen a una persona memorable.

Claudia D. Roca

4/23/20263 min read

...se me quedó grabada desde el primer día que se la escuché, cuando le preguntaba "¿con qué frase te identificas para ponerla en tu perfil de presentación de la web?" No dudó un segundo: "Cada año es mejor que el anterior, y el reto es que siga siendo así"

Una frase que iba precedida de un gran titular que bautizamos: Cuando amas lo que haces.

Seguramente, puestos a pensarlo bien, varias personas podrían describirse a partir de estas dos frases, pero no a todas las identificamos con la misma inmediatez que a este incansable guerrero, cuyo solo linaje podría desencadenar la producción de magníficas leyendas, fantasías y bromas entrañables, que solo las mentes despiertas pueden recrear en cualquier momento y con un sentido de la oportunidad ante el que no queda más que rendirse.


Él ama lo que hace, y con tal pasión, que respira y vive a través de ello. Algo que causa admiración y perplejidad en su entorno, incomprensión en algunos casos y, seguramente, envidia —de la buena y de la mala— en otro tanto.

Pero a la mayoría, que sabemos que ese amor es genuino, nos inspira y, lo que es mejor aún, nos moviliza; nos hace buscar siempre nuestra mejor versión. Por eso, cada año, cada etapa, es mejor que la anterior.

Pocas veces creo que tenemos la fortuna de cruzarnos —y mejor aún de relacionarnos— con una persona que reúne una serie de atributos que desde el minuto uno sabes que es especial, que no te dejará indiferente, que lo recordarás siempre. Será memorable.

Cuando tengamos la suerte de encontrarlo, aprovechemos; impregnémonos de esa energía mágica, pero, ojo, también cuidémoslo, aportemos, intercambiemos, porque ese juego de ida y vuelta es lo que nos regenera a todos. Y, por tanto, lo que nos permite oxigenarnos y progresar hacia esa mejora, en lo que sea.

Y detrás de esa energía, hay tres rasgos suyos que, a mi parecer, amalgaman y cohesionan esos modos de enfocar la vida: la coherencia, la determinación y la generosidad.

Predica con lo que practica, reza el dicho. Ser fiel a nuestros principios y creencias, actuando en consecuencia y con responsabilidad. La coherencia es la que hace fiable a alguien, la que facilita que le creamos y confiemos. La mayoría de las dudas surgen de la inconsistencia entre lo que se dice y lo que se hace. Por tanto, la autoridad para pedir y exigir algo radica en ser el primero en hacerlo. Él se inmola el primero.

La determinación. Con esta palabra quiero referirme en realidad al grit de los angloparlantes: esa actitud mental decidida, apasionada y determinante que va más allá de la garra, porque lleva a las personas a ese punto extra cuando todo está echado. Es el principal motor de la supervivencia, pero también de la excelencia. En un contexto de iguales, es la determinación —esa convicción, ese espíritu de lucha y superación completamente intrínseco— la que marcará las diferencias. Y él lo demuestra cada mañana: agua y gimnasio, religiosamente, compitiendo al más alto nivel en categoría sénior, siendo aún campeón y referente en su deporte y en su club. La determinación nos ayuda a alcanzar proezas, pero sobre todo a sostenernos en el tiempo; vuelve nuestro talento longevo. Y el suyo, después de todos estos años, sigue más vivo que nunca.

La generosidad. Una virtud en toda regla que nos humaniza, nos nutre y nos alegra el corazón. La suya tiene una forma muy concreta: tiempo, conocimiento y cuidado. Para su equipo, para su gente. Da y entrega sin restricción ni medida, sin esperar nada a cambio, para que los demás disfrutemos, aprendamos y mejoremos. Y lo hace desde la humildad y la apertura, porque sabe —o intuye— que lo que compartes siempre te regresa mejorado. Eso genera unas sinergias tan ricas y, sobre todo, duraderas.

No es de extrañar que donde vaya no deje a nadie indiferente; y no solo por el nombre —que con eso ya tienes para no olvidar nunca que te lo encontraste en algún trayecto—, sino por esa capacidad de predicar y motivar con su quehacer. Cree, enfoca, hace y convoca. Y sobre todo se responsabiliza (¿quizás demasiado?). Vamos, lo que solemos llamar un líder. Y este, además, simpático y querible, y con sus particularidades, como no, como todos los líderes.

De todo lo que es y de todo lo que da, siempre me quedaré con su magnífica calidad humana, su capacidad de desafiarte intelectualmente, su humor sarcástico capaz de hacerte reír tanto, y su vocación para cuidar de su gente.

Hoy, en su aniversario, y pensando en posibles formas de regalar a alguien que no lo celebra, me he valido de la inspiración de Sant Jordi para regalarle estas líneas: como reconocimiento al gran ser humano y líder que es, y de agradecimiento por lo que es y por todo lo que me da.

GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

Foto de  David Arquimabu para el Club Marítimo de Mahón